A Cervera, en un espacio reducido y con un margen de tiempo corto, el visitante encuentra todo un testimonio histórico y artístico, no sólo de la capital de la Segarra, sino de algunos de los hitos más trascendentes de nuestra historia común.
Establecida sobre una colina, esta situación geográfica ha caracterizado desde el principio la estructura de la ciudad, con calles estrechas, barrios en pendiente, callejones cubiertos que nos hacen pensar en brujas y aquelarres, y una calle Mayor que serpentea para ajustarse a la cresta. Este origen defensivo se hace aún más evidente cuando vemos intactos los marcos de sus antiguas murallas.
En un extremo de esta parte más antigua encontramos el templo gótico de Santa María y la austeridad rigurosa de la Casa de la Villa, sólo rota por las ménsulas que sujetan los balcones de la fachada. Más allá aparece la Universidad, que ocupa el espacio de todo un antiguo barrio de campesinos, y al norte de la ciudad, la estación y algunos almacenes cimejats por el edificio del Sindicato, que impone su autoridad por encima de la Cervera industrial entre los siglos XIX y XX.